Este artículo describe la experiencia práctica de migrar toda una infraestructura digital personal de servicios estadounidenses a alternativas europeas, motivada por la necesidad de soberanía digital. El autor explica que soberanía digital significa saber dónde residen tus datos, no depender de un cambio inesperado de política empresarial y elegir infraestructura basada en valores, no solo conveniencia. La migración incluyó múltiples capas del stack tecnológico. Para analítica web, substituyó Google Analytics por Matomo, una solución autoalojada que mantiene los datos en servidores propios y garantiza cumplimiento GDPR sin los traumas de consentimiento de cookies. El correo electrónico migró a Proton Mail, basado en Suiza con criptografía de extremo a extremo integrada nativamente, aunque con limitaciones en filtros y un máximo de tres dominios personalizados. La gestión de contraseñas se unificó en Proton Pass, que ofrece el mismo ecosistema encriptado. Para computación y almacenamiento de objetos, DigitalOcean fue reemplazado por Scaleway, un proveedor europeo que ofrece servidores rápidos, panel de control limpio y muestra emisiones de CO₂ proyectadas por ubicación. El almacenamiento objetual es compatible con S3, facilitando la migración mecánica. Las copias de seguridad externes fueron a OVH, el mayor proveedor europeo de nube con precios competitivos, aunque su panel de control es complejo. El correo transaccional se gestionó mediante Lettermint, un servicio europeo sencillo. Para seguimiento de errores, Bugsnitch ofrece una alternativa autoalojada mínima que acepta el SDK de Sentry, funcionando como un registro remoto básico. Finalmente, las APIs de IA se mudaron de OpenAI a Mistral, empresa francesa con modelos de权重 abierta. El autor mantuvo Cloudflare como excepción por su función de CDN y caché, datos que son públicos por definición.
De servicios de EE.UU. a Europa: así migré mi infraestructura por soberanía digital
