La Casa Blanca ordenó a Anthropic restringir el acceso a sus modelos avanzados de inteligencia artificial Fable y Mythos fuera de Estados Unidos y para extranjeros dentro del país, invocando motivos de seguridad nacional no especificados. Tras el aviso, Anthropic suspendió ambos modelos, que llevan una semana sin estar disponibles para ningún usuario. El caso se presenta como el primer intento real de aplicar a la IA de frontera un control de exportación similar al que EE. UU. usó, con resultados desiguales, sobre el cifrado y el spyware.
La decisión se produjo después de que Anthropic concediera acceso a Mythos a una empresa surcoreana de telecomunicaciones, identificada por funcionarios estadounidenses como sospechosa de tener lazos con China —vinculación que la compañía niega—, y tras el aviso del CEO de Amazon, Andy Jassy, sobre una vulnerabilidad detectada por sus investigadores en los filtros de seguridad de Fable 5. Anthropic restó importancia al incidente, calificándolo de problema puntual ya corregido. El Departamento de Comercio emitió la directiva y la empresa aplicó las restricciones en unos 90 minutos.
La historia reciente muestra el historial limitado de este tipo de controles. En los años noventa, el Gobierno estadounidense persiguió al creador de PGP, Phil Zimmermann, por distribuir un cifrado fuerte; la investigación se archivó y surgieron algoritmos de cifrado de extremo a extremo usados hoy por miles de millones de personas en Signal y WhatsApp. En la década de 2010, el Arreglo de Wassenaar intentó controlar el spyware de doble uso, pero países no adheridos como Israel o la laxitud de Estados como Italia y Bulgaria han permitido que empresas como Hacking Team e Intellexa sigan vendiendo herramientas de vigilancia a Gobiernos autoritarios.
