De la horquilla al cementerio: el ciclo completo del teléfono en Western Electric

Fuentes: from hookswitch to grave

La historia de Western Electric (WE) ilustra cómo el sistema Bell llegó a controlar de extremo a extremo la fabricación, distribución, mantenimiento y retirada de los teléfonos en Estados Unidos. Fundada en 1872 con la participación de Elisha Gray y Enos M. Barton —figuras hoy casi olvidadas en la disputa sobre la invención del teléfono—, la empresa fue adquirida por AT&T en 1881 y se convirtió en el brazo manufacturero y logístico del monopolio telefónico. Tras la reorganización de 1925, WE quedó como proveedor exclusivo del operador, mientras su negocio ajeno a la telefonía se segregaba en Graybar y su I+D se integraba en los recién creados Bell Laboratories.

A partir de entonces, todo el equipamiento del sistema Bell —desde el cableado hasta las centrales de conmutación, pasando por modelos icónicos como el 500, el Trimline o el Princess— nacía en plantas de WE. La fábrica de Indianápolis, una más entre muchas, llegó a producir 35.000 teléfonos diarios con cerca de 10.000 empleados. En paralelo, los operadores telefónicos recuperaban los aparatos dados de baja o averiados y los enviaban a los centros de servicio de WE, donde se reacondicionaban en talleres que llegaban a procesar millones de unidades al año en ciudades como Denver, Los Ángeles o San Francisco. Los teléfonos inservibles, junto con intercambiadores y postes retirados, regresaban a WE para su disposición final. El artículo describe así un ciclo industrial cerrado —del hookswitch a la tumba— que refleja la integración vertical extrema que caracterizó al Bell System hasta la decisión Carterfone y la posterior escisión de AT&T en 1984.