A finales de los años sesenta, el piloto australiano Don Adams aterrizó en Lady Elliot Island, un cayo del extremo sur de la Gran Barrera de Coral, y encontró un paisaje arrasado por la extracción de guano iniciada en 1863: casi un metro de suelo fértil retirado, árboles eliminados y cabras que impedían la regeneración natural. En 1969 obtuvo una concesión del Gobierno australiano, construyó una pista sobre el coral y, al mismo tiempo que levantaba alojamientos turísticos, comenzó a replantar la isla. Adams cargaba su avión con bidones de unos 18 litros de agua para regar personalmente las primeras plantaciones de casuarinas, pandanus y otras especies resistentes.
La vegetación estabilizó el terreno y atrajo de vuelta a las aves marinas, cuyos excrementos devolvieron nutrientes al subsuelo poroso del coral y rearmaron el ciclo ecológico interrumpido por la minería. Adams vendió su concesión en 1977 y, en 2005, Peter Gash y sus socios retomaron el proyecto, eliminaron especies invasoras y plantaron más de 10.000 ejemplares autóctonos. Medio siglo después, Lady Elliot alberga una elevada diversidad de aves, tortugas verdes y bobas, tiburones de arrecife, cientos de especies de peces y hasta 700 mantarrayas en invierno. La isla funciona además con más de 900 paneles solares, una desalinizadora y un sistema de compostaje, y fue designada en 2018 primer enclave de una iniciativa para crear refugios frente al cambio climático en la Gran Barrera de Coral.
