El daisugi es una técnica forestal japonesa de casi seis siglos de antigüedad que permite obtener madera perfectamente recta —conocida como taruki— a partir de un único cedro. Desarrollada en Kioto durante el siglo XV, surgió como respuesta a la escasez de plantones y de suelo cultivable que aquejaba a Japón en aquella época.
El procedimiento consiste en podar las ramas superiores de un cedro Kitayama para que, en lugar de crecer de forma horizontal, broten nuevos troncos verticales directamente del árbol madre. El resultado recuerda a una mano abierta con múltiples dedos erectos, una especie de bonsái a gran escala. Cada ejemplar puede producir entre 20 y 30 nuevos troncos rectos cada dos o tres décadas.
El maestro del té Sen no Rikyū fue quien, en el siglo XVI, exigió el uso de este cedro de líneas tan depuradas para los proyectos de arquitectura sukiya-zukuri, característicos de las casas de té. La técnica cayó en desuso con la generalización del hormigón en el siglo XX, pero conserva su valor histórico y su potencial sostenible: la madera obtenida es un 140 % más flexible y un 200 % más densa y resistente que el cedro estándar, lo que la hace idónea para vigas y cabios de cubierta, además de ofrecer notable resistencia a los tifones.
Hoy, el daisugi se estudia como ejemplo de selvicultura de bajo impacto y se reivindica como una vía para producir madera de calidad sin talar el árbol original, una idea que cobra relevancia ante los retos actuales de deforestación.
