Las tarjetas de cartulina que hoy forman parte inseparable del fútbol nacieron de un malentendido lingüístico en el Mundial de Inglaterra de 1966. Durante el cruce de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, el árbitro Rudolf Kreitlein amonestó a Bobby y Jack Charlton y expulsó al capitán argentino Antonio Rattín. La barrera idiomática entre jugadores y colegiado, sumada al ruido del estadio, hizo que nadie terminara de entender qué había pasado: el propio seleccionador inglés, Alf Ramsey, tuvo que acudir a un representante de la FIFA para aclarar la situación.
Aquel episodio llevó a Kenneth George Aston, miembro del Comité de Árbitros de la FIFA, a buscar un sistema visual que transmitiera las decisiones arbitrales sin necesidad de palabras. Conduciendo por la calle Kensington de Londres, un semáforo le dio la clave: el amarillo como aviso y el rojo como expulsión. Al llegar a casa, su esposa Hilda materializó la idea con dos tarjetas de cartulina del tamaño del bolsillo de una camisa. El sistema debutó oficialmente en el Mundial de México de 1970 y desde entonces fue adoptado por todas las federaciones nacionales, hasta convertirse en uno de los símbolos más reconocibles del deporte.
