ShareMyPage permite a cualquier persona subir páginas HTML completas, con JavaScript incluido, buena parte generadas por inteligencia artificial y nunca revisadas línea por línea. En lugar de intentar depurar ese código —lo que rompería el producto y abre una carrera armamentística perdida—, la plataforma parte de una premisa distinta: asume que cada página es hostil y diseña el entorno para que esa hipótesis sea irrelevante.
El mecanismo se apoya en dos capas. La primera es un iframe con atributos sandbox que omiten allow-same-origin, lo que asigna al documento un origen opaco y nulo: los scripts se ejecutan —los gráficos animan, los formularios envían—, pero document.cookie devuelve vacío, localStorage no está disponible y el contenido no puede leer ni comunicarse con la página padre. La combinación allow-scripts y allow-same-origin está prohibida explícitamente, porque devuelve un origen real y anula toda la protección. Los permisos allow-popups-to-escape-sandbox y allow-top-navigation-by-user-activation, en cambio, sí se conceden, pero solo ante un gesto real del usuario y únicamente para navegación exterior, nunca para acceder a datos.
La segunda capa es el origen de servicio. El HTML no se entrega desde el dominio donde el usuario inicia sesión, sino desde un origen distinto, cookieless, mediante URL firmada de corta duración. Aunque un script escapara del sandbox, allí no hay sesión, token ni credenciales que robar. Además, el framing se restringe a la propia aplicación, lo que impide reutilizar la página para construir un ataque de clickjacking en otro sitio.
Sobre estas dos capas se suman otras: la URL firmada no es adivinable, la aplicación tiene una política de seguridad de contenido estricta, cada lectura se autoriza en el servidor y los archivos se almacenan cifrados en la UE. Si una capa cae, las demás sostienen el sistema.
El artículo aclara que el aislamiento protege del contenido subido, pero no convierte a su autor en alguien de fiar: un enlace público sigue siendo un enlace público, y la moderación queda en manos de quien controla quién abre cada página.
