Vim sigue siendo una herramienta útil para escribir y editar código a mano cuando conviene, igual que siempre, y conservarla como habilidad merece la pena. Sin embargo, la forma de encajar el editor en el flujo de trabajo cambia cuando entran en escena agentes de inteligencia artificial que modifican ficheros en segundo plano.
El autor, tras años con un archivo .vimrc muy pulido, decidió cambiar su editor principal a Zed en modo Vim. La razón es práctica: cuando un proceso externo edita el proyecto de forma autónoma, el editor debe reflejar los cambios al instante, sin recargas manuales del buffer. Además, personalizó la interfaz de Zed para priorizar la lectura y revisión de código, limitando la escritura manual a anotaciones y ajustes pequeños y focalizados.
Su experiencia también revela un cambio de mentalidad al trabajar con distintos modelos. Con Opus mantiene la sensación de programación en pareja e interviene directamente en el código. Con Fable, incluso cuando Fable gestiona agentes de Opus, el rol del programador cambia:插手干预 se percibe más como un estorbo que como una ayuda. La consecuencia directa fue que su .vimrc, mantenido durante 15-20 años, dejó de evolucionar a los pocos días de usar Fable.
En cuanto al uso de IA para codificar, el autor obtiene mejores resultados cuando el agente revisa su código y ofrece autocompletado en línea estilo LSP, en lugar de generar el código completo para que él lo revise después. Así conserva un modelo mental preciso del proyecto y logra una calidad de salida superior a la que obtendría él solo o el agente por separado. La recomendación implícita es clara: mantener el dominio del editor modal, pero adaptarlo a un entorno donde la IA es copiloto, no autora principal.
