Un estudio de Martino Comelli y Pedro Perfeito Da Silva, publicado en Social Policy & Administration y premiado por la ECPR en 2025, sostiene que la composición del gasto social —no solo su volumen— explica por qué algunos países mantienen controles de capital y otros abren sus fronteras financieras. Los datos de la OCDE entre 1995 y 2019 muestran que los Estados que destinan la mayor parte del presupuesto a pensiones conservan restricciones al movimiento de capitales, mientras que los que protegen y forman a la población activa tienden a mantener cuentas de capital abiertas. La riqueza inmobiliaria empuja en la misma dirección: hogares con patrimonio apreciado tienen un interés directo en la apertura financiera.
El mecanismo responde a lo que Walter Korpi llamó "lucha de clases democrática": el gasto protector devuelve a los trabajadores parte del poder negociador que el capital móvil les quita, y el gasto productivo aleja a las economías de la competencia por costes, reduciendo la necesidad de defender el tipo de cambio. Las pensiones, en cambio, no ofrecen ninguna de ambas cosas.
Un análisis de clúster agrupa a la OCDE en cuatro familias: los Estados de bienestar integrales (nórdicos y continentales) combinan inversión social amplia con cuentas de capital muy abiertas; las economías poscomunistas industriales asocian un gasto sesgado hacia pensiones con los controles más estrictos; las economías liberales se mantienen abiertas gracias a grandes sectores bancarios y a la riqueza inmobiliaria, no a la protección pública; y los países con un bienestar magro recurren a los controles porque carecen de otro colchón.
Ampliando la mirada fuera de la OCDE con el Global Welfare Dataset, los autores encuentran que la cobertura de la asistencia social importa más que el dinero gastado: una cobertura amplia viaja con cuentas de capital abiertas; una cobertura estrecha, con controles, sea cual sea el presupuesto. Los casos de Polonia, Uruguay y Chile ilustran el patrón.
La conclusión política es que recortar la protección social no produce un mercado libre, sino demandas de cerrar las fronteras financieras, como empieza a verse en la actual política estadounidense.
