El mugicha, el té de cebada que los japoneses consumen masivamente en verano para refrescarse, se elabora exclusivamente a partir de granos de cebada tostados, sin hojas de té en su composición. Ogawa Sangyo, una de las dos productoras con fábrica en Tokio, obtiene la cebada de agricultores nacionales de las prefecturas de Ibaraki, Tochigi y Toyama, y utiliza dos variedades distintas para lograr un sabor más complejo. La empresa ha defendido el uso de materia prima japonesa pese al encarecimiento derivado de la caída del número de cultivadores.
El proceso de tostado se realiza a fuego directo, una técnica más laboriosa que la convección con aire caliente que emplea la producción industrial a gran escala, y que permite un control más fino de la temperatura y el flujo de aire. Los granos se tuestan junto con arena, al estilo tradicional japonés de asar boniatos, para que el calor infrarrojo se transmita de forma homogénea hasta el centro sin quemar la superficie. La cocción se hace en dos fases: primero un minuto a 250 grados Celsius y, tras un reposo, otro minuto a 180 grados. Tras el primer pase, los granos recuerdan en sabor a las palomitas.
El empaquetado se realiza también en dos etapas: una máquina introduce la cebada en bolsas de filtro —triangulares, de mejor sabor, o rectangulares, más fáciles de almacenar— a un ritmo de 50 unidades por minuto, y la colocación final en cajas se hace a mano. El interior de la fábrica ronda los 10 grados más que el exterior, según el reportaje.
