Cómo las 'tormentas generadas por incendios' agravan los incendios forestales
Cientos de miles de personas han sido evacuadas en la región francesa de Gironde, en los alrededores de Burdeos, mientras el país lucha contra incendios forestales alimentados por un fenómeno meteorológico sin precedentes en la zona: los pirrocumulonimbos, también conocidos como "nubes de fuego" o "tormentas generadas por incendios".
Los pirrocumulonimbos se forman cuando el calor extremo de un incendio provoca que el aire sobre el fuego ascienda rápidamente, arrastrando humo, ceniza y vapor de agua hacia las capas altas de la atmósfera. Al enfriarse, el vapor se condensa y, si las condiciones atmosféricas son lo suficientemente inestables, la nube puede transformarse en un cumulonimbo —el mismo tipo de nube asociada con las tormentas eléctricas—. El fuego, en esencia, proporciona la energía necesaria para construir la tormenta.
El problema para los equipos de emergencia es que estas nubes no suelen traer alivio en forma de lluvia. Por el contrario, pueden generar descargas eléctricas que originan nuevos focos, ráfagas de viento descendente que avivan las llamas y, en los casos más extremos, incluso tornados. Según recoge Wired, citando a France 24, un portavoz de la asociación de bomberos francesa describió la situación como una "imposibilidad operativa": una fuerza natural fuera de control humano.
La formación de estas nubes requiere una combinación poco habitual de condiciones: calor intenso, sequedad en la superficie y aire relativamente húmedo en las capas altas de la atmósfera. Cuanto mayor es la intensidad del incendio, más probable es que se genere el fenómeno. Como explicó la NASA durante los incendios australianos de 2019, los pirrocumulonimbos funcionan como "el dragón de las nubes que escupe fuego", canalizando humo hacia la estratósfera mientras arrojan rayos, viento y lluvia.
Aunque hasta ahora no se habían documentado en Francia, estas tormentas de fuego sí se han registrado en Estados Unidos, Canadá y Australia. El caso más dramático fue el llamado "Verano Negro" australiano de 2019-2020, donde los pirrocumulonimbos provocaron que las brasas aterrizaran hasta 30 kilómetros por delante del frente del incendio, tres veces más de lo habitual. La temporada dejó al menos 33 muertos —incluidos cuatro bomberos— y más de 11 millones de hectáreas calcinadas. Ese mismo año, California registró múltiples pirrocumulonimbos durante una temporada que contabilizó más de 7.300 incendios, un millón de hectáreas quemadas y al menos tres bomberos fallecidos.
La situación en Francia resulta inédita en términos de intensidad. Según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, la semana pasada fue la más destructiva para Francia en los últimos 20 años, más del doble del récord anterior, que coincide con el periodo de datos satelitales fiables. En lo que va de temporada, más de 220.000 acres han ardido en el país, seis veces el promedio anual y 61.000 acres más que el récord histórico previo.
El incendio de Gironde, según advirtió un alto cargo implicado en las tareas de extinción, podría arder "durante muchas semanas" y necesitar meses para quedar completamente extinguido. Las autoridades francesas han vinculado directamente los pirrocumulonimbos a la propagación de los focos cerca de Burdeos, un fenómeno nunca antes observado en el país.
El cambio climático aparece como telón de fondo inevitable. Un estudio publicado en 2024 en Nature Ecology and Evolution reveló que la incidencia de incendios extremos a nivel global se ha duplicado entre 2003 y 2023, y que seis de los siete años más extremos han ocurrido desde 2016. Las olas de calor récord y la sequía prolongada en Europa —con temperaturas que se prevén vuelvan a superar los 40 grados centígrados esta semana en Francia y los 42 en España— crean las condiciones perfectas para que se repitan estos episodios.
El precedente histórico sugiere que la frecuencia e intensidad de los pirrocumulonimbos seguirá al alza mientras el planeta continúe calentándose. Lo que hasta hace pocos años se consideraba un fenómeno raro se está convirtiendo, según coinciden ambas fuentes, en una amenaza cada vez más habitual para bomberos y poblaciones en zonas de clima Mediterráneo y templado. La pregunta ya no es si veremos más "tormentas de fuego", sino con qué frecuencia y en qué lugares golpearán a continuación.
