Los ascensores parecen simples, pero su lógica de funcionamiento dista mucho de ser trivial. Este artículo recorre los principales algoritmos que regulan su tráfico, desde el básico SCAN, patentado en 1961, que recorre la planta completa de arriba abajo y vuelve, hasta la variante LOOK, más eficiente porque solo sube hasta la última planta solicitada. En edificios con varias cabinas, un programador central asigna cada llamada al ascensor más cercano, pero existen sistemas más sofisticados como el RSR (Relative System Response) de Otis, que puntúa cada cabina según su idoneidad para atender una llamada penalizando el agrupamiento y recompensando las cabinas ociosas cercanas. RSR reoptimiza la ruta cada cinco segundos, lo que permite reasignar pasajeros si se producen demoras. Al comparar LOOK y RSR, los resultados son contraintuitivos: LOOK supera a RSR cuando el flujo es muy alto y los ascensores van siempre llenos, y también en edificios pequeños con pocas cabinas. El análisis también aborda los sistemas Destination Dispatch, donde el usuario selecciona su planta en un quiosco antes de subir. Aunque parecen más eficientes, en la mayoría de los edificios rinden peor que los botones tradicionales de subir y bajar, porque la reoptimización continua pierde flexibilidad al obligar al usuario a esperar una cabina asignada. Las métricas clave son la distribución de tiempos de espera (p50 y p90), y el momento del día que peores estadísticas registra es la hora punta matinal en edificios de oficinas. El artículo incluye una simulación interactiva y concluye que, la próxima vez que un ascensor tarde en llegar, conviene no personalizar la espera.
