Los coches de juguete de cuerda, esos que se impulsan hacia delante cuando el niño los empuja hacia atrás contra el suelo, esconden en su interior un ingenioso mecanismo de relojería. Este artículo analiza paso a paso cómo se almacena y libera la energía que propulsa el vehículo, centrándose en la pieza clave: un resorte espiral que se enrolla al retroceder el coche y se desenrolla para hacerlo avanzar a gran velocidad.
El mecanismo de cuerda fue inventado en 1970 por la empresa alemana occidental Darda, que eliminó la necesidad de dar cuerda manualmente con una llave. El artículo describe los componentes internos: dos engranajes de resorte (izquierdo y derecho) que giran en direcciones opuestas, el resorte espiral que almacena la energía, una tapa y un tren de seis engranajes que conecta las ruedas con el mecanismo.
Se explican dos conceptos mecánicos fundamentales: el par de torsión, que permite a los niños enrollar el resorte aplicando solo una fuerza moderada gracias a la ventaja mecánica de los engranajes, y la transmisión de velocidad, que hace girar las ruedas más rápido. Se distingue entre el modo de avance, en el que los engranajes laterales funcionan de forma independiente, y el modo de cuerda, en el que todo el sistema se conecta al presionar el coche hacia abajo.
Por último, se plantea un enigma mecánico: los dientes del engranaje de resorte no son decorativos; sirven para evitar que el resorte acumule energía infinita al sobreenrollarlo. El artículo invita al lector a deducir el límite observando el espacio que se abre entre las espiras cuando el resorte está completamente enrollado.
