Envejecer en el propio hogar es el deseo de la mayoría de los adultos mayores, pero con el paso de los años la movilidad disminuye y el entorno cotidiano puede volverse inseguro. La geriatra Paola Ríos Germán, especialista en Geriatría y Medicina Preventiva, explica que la casa debe evolucionar al mismo ritmo que las capacidades físicas y cognitivas de quien la habita. “No se trata de cambiar de vida, sino de adaptar el espacio para mantener la autonomía el mayor tiempo posible”, señala. La especialista insiste en que adaptar el hogar no es sinónimo de dependencia, sino una herramienta de prevención: un entorno amigable prolonga la independencia y retrasa la necesidad de institucionalización.
Las caídas son la principal amenaza. El Ministerio de Sanidad cifra en un 30% los mayores de 65 años que se caen al menos una vez al año, porcentaje que sube al 50% en mayores de 80. El baño concentra el 66% de los accidentes domésticos en la tercera edad, por lo que Ríos recomienda sustituir la bañera por un plato de ducha a ras de suelo con superficie antideslizante e instalar barras de apoyo en inodoro y ducha, además de elevadores y sillas de ducha.
En el dormitorio, la cama debe tener la altura y firmeza adecuadas para facilitar el levantarse; en el salón, el sofá ha de ser firme, con reposabrazos que sirvan de palanca, o sustituirse por sillones reclinables elevadores. La cocina debe reorganizarse para evitar armarios altos y esquinas de difícil acceso, y la entrada a casa puede dotarse de rampas, salvaescaleras y mejor iluminación. Ríos advierte de que las alfombras son la principal causa de tropiezos y deben retirarse, y recomienda pasillos despejados, iluminación potente y homogénea, y luces con sensor de movimiento para prevenir caídas nocturnas.
