Un proyecto experimental de conservación, abandonado hace casi dos décadas, ha logrado revitalizar un terreno baldío en Costa Rica, transformándolo en un floreciente bosque. En 1997, la empresa de jugos Del Oro, en colaboración con investigadores de Princeton, vertió 12,000 toneladas de cáscaras de naranja (equivalente a 1,000 camiones) en un área de 3 hectáreas dentro de la zona de conservación de Guanacaste. El objetivo era compensar la donación de tierras al parque nacional. Aunque el experimento se detuvo tras dos años debido a una demanda de otra empresa de jugos, TicoFruit, la materia orgánica liberada provocó un aumento del 176% en la biomasa vegetal.
En 2013, un ecólogo, Timothy Treuer, redescubrió el sitio, que se había transformado en una densa jungla. El análisis comparativo reveló suelos más ricos, mayor biomasa arbórea y una mayor diversidad de especies, incluyendo una imponente higuera. Los investigadores desconocen los mecanismos exactos de esta regeneración, pero sugieren una posible sinergia entre la supresión de malezas invasoras y la revitalización del suelo. Este inesperado éxito podría inspirar proyectos de conservación similares, aprovechando los residuos orgánicos para restaurar ecosistemas degradados y, potencialmente, contribuir a la captura de carbono atmosférico.
