Una evaluación rutinaria de ciberseguridad en los 20 barcos no tripulados K3 Scout adquiridos por la Royal Navy británica detectó que las cámaras instaladas a bordo contenían componentes fabricados en China y emitían comunicaciones automáticas de tipo heartbeat hacia una dirección IP localizada en ese país, según publicó The Telegraph. El Ministerio de Defensa confirmó el hallazgo y retiró la conectividad a internet de los equipos, aunque su investigación no halló evidencias de que datos, sistemas o información sensible del departamento hubieran sido accedidos o transmitidos al exterior. Las embarcaciones, de 8,4 metros de eslora y capaces de alcanzar 55 nudos, fueron fabricadas por Kraken Technology Group por 12,3 millones de libras dentro de Project Beehive y asignadas al Coastal Forces Squadron y a los 47 Commando Royal Marines. El fabricante asegura que las cámaras procedían de un proveedor externo que ofrecía garantías de seguridad y que, tras una auditoría conjunta, las posibles vulnerabilidades fueron identificadas y cerradas. Las señales heartbeat indican que un dispositivo está activo, aunque técnicamente pueden transportar información como la ubicación; ninguna fuente aporta pruebas de que en este caso se enviaran coordenadas, imágenes o planes operativos, ni identifica quién controlaba la dirección IP receptora. El episodio ilustra la dificultad de China en las cadenas mundiales de semiconductores y la necesidad de mapear componentes en sistemas sensibles, línea en la que trabajan el Reino Unido y la OTAN para diversificar proveedores.
