El ensayo 'S-Curves: A Field Guide to Technology Adoption' recorre 200 años de adopción tecnológica para demostrar que todas las grandes innovaciones —ferrocarriles, electricidad, teléfono, automóvil, radio, televisión, internet, smartphone, computación en la nube, energía solar, vehículos eléctricos e inteligencia artificial— han seguido una misma forma de curva en S. El autor sostiene que el verdadero relato nunca es el invento, sino el tramo vertical de adopción, que aparece cuando confluyen cuatro catalizadores: un colapso de costes, una infraestructura de distribución, un modelo de negocio y un complemento que por fin madura.
La pieza recorre capítulo a capítulo cada tecnología entre 1825 y 2026, con sus fechas de despegue y los factores que lo explican. Por ejemplo, el PC no despegó por la máquina en sí, sino por la hoja de cálculo (1981) y, después, por internet (1995). El smartphone es la curva de hardware más rápida jamás medida, gracias a la conjunción de redes 3G, subsidios de operadores y App Store. La energía solar ilustra que en su caso la curva S vive en el precio: la ley de Swanson hace que el coste del módulo caiga alrededor de un 20% por cada duplicación del volumen acumulado, de modo que las crisis son el mecanismo de adopción.
El trabajo también documenta casos atípicos: la curva nuclear, que la sociedad detuvo deliberadamente tras alcanzar el crossover y que ahora resurge por la demanda de los centros de datos de IA; el caso del lavavajillas, control por la lentitud de sus complementos; el vehículo eléctrico, cuya curva retrocedió en Estados Unidos en 2025 al eliminarse los subsidios; y la criptomoneda, presentada como prueba de estrés para distinguir si subyacen burbujas financieras con adopción real.
Las fuentes incluyen Our World in Data, US Census, Pew Research, archivos de prensa financiera y el pódcast 'Invest Like the Best', episodio 477, con Alex Sacerdote de Whale Rock. El autor concluye que la capa financiera y la capa de adopción son casi siempre curvas distintas: las acciones se hunden y las empresas desaparecen por millares mientras la penetración sigue subiendo, un patrón que sirve como tasa base para evaluar el debate actual sobre la inteligencia artificial.
