Un equipo de investigadores de la Universidad de Queensland (UQ) y la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) ha desarrollado el "Paraborg", un sistema basado en cucarachas a las que se les implantan electrodos y microchips para controlarlas a distancia. El prototipo se inspira en la cucaracha gigante excavadora del norte de Queensland, un insecto de hasta 87 milímetros de longitud y 40 gramos de peso capaz de soportar hasta 1,5 veces su masa corporal.
Los científicos crearon dos versiones del Paraborg: una equipada con una cámara para grabar el estado de las víctimas entre los escombros, y otra dotada de un mecanismo automático de inyección capaz de administrar medicación. La dirección se controla estimulando cada antena de forma independiente, mientras que la velocidad se regula mediante los cerci, los órganos sensoriales del abdomen. El equipo probó frecuencias de 10 a 40 hercios, ya que por encima de 50 hercios el estímulo dejaba de ser efectivo.
El sistema de inyección funciona con una reacción química entre ácido cítrico y bicarbonato sódico que genera suficiente dióxido de carbono para empujar el émbolo de una jeringa. En pruebas de laboratorio, una cucaracha teledirigida recorrió tres puntos de control e inyectó a un objetivo simulado con una tasa de éxito del 72 % en la secuencia completa y del 95 % en inyecciones a menos de 150 milímetros. Los autores también demostraron un trabajo coordinado entre un insecto localizado con la cámara y otro que realizaba la inyección.
El estudio, publicado en la revista Advanced Science, no reprodujo las condiciones reales de un desastre. El investigador Tan Vo Doan estima que, con financiación adecuada, un equipo de rescate formado por insectos cyborg podría desplegarse en zonas de catástrofe en un plazo de entre cinco y diez años.
