En 1986, Fred Brooks presentó en la conferencia IFIP el ensayo "No Silver Bullet", una obra que este año cumple cuatro décadas y que, según el análisis, no se ha equivocado ni una sola vez. Su tesis central distingue dos componentes del trabajo de software: la esencia, el constructo conceptual formado por las decisiones de diseño, los datos y sus relaciones, y el accidente, el trabajo mecánico de representación (sintaxis, boilerplate, herramientas). Brooks sostiene que ninguna herramienta puede comprimir la esencia, por lo que ninguna promete por sí sola un salto de un orden de magnitud en productividad, fiabilidad o simplicidad.
El artículo recorre cómo Brooks ya evaluó en su ensayo la inteligencia artificial, los lenguajes Ada, la programación orientada a objetos y la verificación de programas, descartando que ninguna actuara sobre la parte difícil. Cuarenta años después, CASE, 4GL, UML, no-code y los modelos de lenguaje generativo han seguido el mismo patrón. Los LLM son probablemente el compresor de accidental más eficaz construido hasta la fecha, pero su ganancia real es también una confesión: la mejora que aporta mide cuánta parte de un trabajo era accidente. Los ingenieros senior que reportan ganancias modestas no son luditas, sino personas cuyo trabajo es en su mayoría esencia (diseño, dominio, revisión).
El texto critica además la frase "el código nunca fue la parte difícil" y la acusa de insultar a la profesión, porque confunde la línea entre esencia y accidente con una frontera entre programar y todo lo demás, cuando en realidad el código bien escrito es trabajo de esencia. La conclusión es clara: la IA no es ninguna bala de plata; celebrarla como tal es sobrevivir en Tech ed. el accidente.
