Leopold Aschenbrenner, exempleado de OpenAI conocido por sus predicciones sobre la llegada inminente de la AGI, perdió esta semana miles de millones de dólares con su fondo de cobertura Situational Awareness tras apostar con apalancamiento al auge de la IA. Su tesis, según su propio ensayo fundacional, era una posición larga apalancada en Nvidia y valores relacionados con la inteligencia artificial, que incluía cortas en software SaaS que rebotaron en su contra. La columna utiliza ese episodio para ilustrar un argumento más amplio: la falta de humildad intelectual dentro de los principales laboratorios de IA.
El texto recuerda que ser experto en un campo no convierte a nadie en experto en todos, y compara el caso de Aschenbrenner con el de Long-Term Capital Management, que agrupó a premios Nobel y a los mejores operadores de bonos de Wall Street antes de implosionar en 1998 con un rescate coordinado por la Reserva Federal. También menciona a traders minoristas surcoreanos que duplicaron con apalancamiento su exposición bursátil y acabaron en llamadas de margen.
A partir de ahí, el autor extiende la crítica a figuras como Sam Altman y Dario Amodei, cuyos avisos apocalípticos sobre el mercado laboral, asegura, carecen de base en la historia económica. Compara esas predicciones con las de Thomas Malthus en 1798. Por último, relata varios casos en los que equipos vinculados a grandes laboratorios de IA habrían intentado resolver por sí mismos, con ayuda de ChatGPT, problemas complejos de ciencia de materiales, bioingeniería o diseño de semiconductores, despreciando los conocimientos de startups especializadas con las que negociaban.
