Un análisis reciente argumenta que la verdadera amenaza no reside en la inteligencia artificial en sí, sino en las corporaciones que la desarrollan. El texto señala que la sociedad experimenta una fatiga y una desconfianza creciente ante la omnipresencia de la IA, lo que las empresas tecnológicas aprovechan para manipular la narrativa pública. Según el autor, estas compañías presentan sus modelos como peligrosos e incontrolables para justificar su dominio, ignorando que la tecnología opera bajo estrictos controles corporativos y no es una entidad autónoma. La crítica destaca que las empresas buscan construir un modelo de negocio basado en el 'servicio de empleados artificiales', creando un ecosistema cerrado donde controlan el acceso a la tecnología y la fuerza laboral. El artículo advierte que la sociedad debe evitar la pasividad y la ignorancia, que son estrategias para facilitar la consolidación de este poder. Se propone que la resistencia debe manifestarse a través de la autenticidad humana, el rechazo al uso de herramientas artificiales y la acción colectiva para limitar el alcance de estas empresas, en lugar de temer a la tecnología en abstracto.
