El escritor y activista Cory Doctorow presenta en su nuevo libro, 'The Reverse Centaur's Guide to Life After AI', una tesis provocadora: la inteligencia artificial no hará obsoletos a los humanos, pero ya está reconfigurando el trabajo para sometimiento. En una entrevista, define al "centauro inverso" como una persona obligada a asistir a una máquina, desde el operario de un almacén que orina en una botella para cumplir ritmos impuestos por un algoritmo hasta el conductor sentado en un camión autónomo vigilando que no choque.
Doctorow, de 54 años, descarta que la IA alcance consciencia o amenace a la civilización, como sostienen Elon Musk, Sam Altman o Dario Amodei. "Es un truco de prestidigitación", afirma sobre los modelos de lenguaje, a los que se les atribuye una intención que no tienen. Lo que sí considera peligroso es la burbuja financiera: cuando escribió el libro era de 700.000 millones de dólares, ahora ronda los 1,4 billones y podría llegar a 2,4 billones, con nueve tecnológicas representando el 35% del valor bursátil estadounidense.
Para el autor canadiense, célebre por acuñar el término "enshittification", la promesa de la IA a los empresarios es antigua: sustituir trabajadores y eliminar la codeterminación, es decir, el contrapeso que estos ejercen. "Los jefes quieren un volante de juguete conectado directamente al motor", resume. La automatización, añade, se impone aunque la máquina sea peor o más cara, porque elimina la voz de los empleados.
