Antetítulo: El escritor y activista canadiense repasa en el podcast de John Stewart los tres grandes bulos sobre la inteligencia artificial, la estafa contable de las grandes tecnológicas y por qué la privacidad es la madre de todos los agujeros regulatorios.
La IA no nos va a convertir en clips. Nos va a dejar sin paga extra
Cory Doctorow, ensayista, novelista y ex coordinador europeo de la Electronic Frontier Foundation, repasa en The Weekly Show los tres grandes bulos sobre la inteligencia artificial: el del cyborg-Rasputin, el del fin del trabajo y el de la singularidad. Su tesis, simple y corrosiva, es que el mayor daño no vendrá del superordenador, sino del regulador que no llega.
John Stewart arrancó el episodio del 28 de julio de The Weekly Show en plena resaca del "bombing" de Donald Trump en la cena de corresponsales de la Casa Blanca. Antes de pasar a su invitado, el presentador bromeó con que el presidente había demostrado "cierta capacidad cómica" y que la cuenta entre él y Caitlyn Collins marcha 328-0 a favor de ella. Pero la humorada era introito: Stewart llevaba semanas sumido en un "espiral doomista" sobre cómo la inteligencia artificial iba a cambiarlo todo, y un libro acababa de sacarle un milímetro del agujero. El libro era The Reverse Centaur's Guide to Life After AI, y su autor, Cory Doctorow, llevaba veinticinco años trabajando en la Electronic Frontier Foundation (EFF), la principal organización de derechos digitales de Estados Unidos. Doctorow tiene un currículo raro: canadiense, nacido en Toronto en 1971, ex coordinador europeo de la EFF, cocofundador de la empresa P2P OpenCola, novelista de ciencia ficción postcyberpunk, bloguero tireless en Pluralistic, y ex compañero de pupitre de Tim Wu, el padre del concepto de "atención" en economía digital. Viene a la conversación, además, como alguien que ha visto burbujas tecnológicas estallar antes: la de las puntocom, la de las cripto, la del metaverso.
Zuckerberg, Rasputín del dopamina
El primer bulo que Doctorow quiere dinamitar es la imagen de Mark Zuckerberg como un "Rasputín del control mental", un mago del dopamina que tiene a los abuelos del país convertidos en conspiranoicos de QAnon. El término que usa es "crittipo": una crítica a la tecnología que consiste en repetir la hipérbole del propio vendedor y, entre paréntesis, añadir "y eso es malo". El problema, según Doctorow, es que al repetir el mantra del "Rasputín cibernético" los críticos le están haciendo el trabajo sucio al departamento de ventas de Meta. Cuando los anunciantes oyen que el jefe de Facebook es un "mago del control mental", lo que entienden es que merece un 40% más de presupuesto publicitario. "No le des crédito a Mark Zuckerberg que no sabemos si se merece, sobre todo cuando ese crédito le ayuda a vender anuncios", zanja.
¿Significa eso que el algoritmo no es responsable de nada? Stewart, buen interlocutor, empuja: los Doritos tampoco son comida, son un producto de laboratorio diseñado para saltarse el "hasta aquí" del cerebro. ¿No estará pasando algo parecido? La respuesta de Doctorow es un recorrido a la cocina de la abuela rusa: su abuela fue niña soldado en el asedio de Leningrado, evacuada por el hielo, recaló en Siberia, allí la dejó embarazada su abuelo, desertaron, acabaron en Azerbaiyán, después en Canadá. El resto de la familia no se fue. "Nadie salió de Leningrado", explica. "Y desde entonces, sus vidas no han dejado de ser peores que las de mi rama. ¿Por qué no se fueron? No porque Stalin les lavara el cerebro. Se quedaron porque querían estar juntos. Y eso, Sartre era un optimista: el infierno son los otros. No consigues que nadie haga nada de manera coordinada. Nunca". Es decir: estamos en Facebook, en Instagram, en TikTok, no porque un algoritmo nos hipnotice, sino porque coordinar la salida de seis amigos que no se ponen de acuerdo en dónde tomar cañas el viernes es, por definición, casi imposible.
La "IA mata-empleos" y la "singularidad", mismo saco
De ahí salta al segundo bulo: la idea de que la IA va a dejarnos a todos en paro. Doctorow recuerda que el sector factura, según los propios números de la industria, 50.000 millones de dólares al año. Una minucia. El capital invertido hasta la fecha era de 700.000 millones cuando escribió el libro; "desde entonces han añadido al menos otro billón", y Gartner, que es la misma firma que nos prometió seis horas diarias en el metaverso, calcula 2,5 billones en gasto total a cierre de 2026. Es decir: estamos ante "la aventura de perder dinero más grande de la historia humana", y la única historia que Sam Altman cuenta para justificar el saldo es que, en algún momento, los jefes despedirán a tantos trabajadores que compartirán el ahorro con él. "Si quieres convertir 50.000 millones de dólares en beneficios y tienes un billón encima, te lo hago yo", ironiza. "Ponlo en un fondo indexado, déjalo debajo del colchón, me llevo cien mil millones y nos vamos todos a casa. Estaremos bien".
Lo mismo aplica al relato de la "singularidad", el escenario en el que una IA auto-mejorada se vuelve dios y nos convierte en clips. "Es como si entrenáramos a estos caballos a correr tan deprisa que una de las yeguas diera a luz a una locomotora", describe. "No es lo que va a pasar". En el libro, una de las secciones favoritas de Stewart desmonta el supuesto del "camionero autónomo de larga distancia": apenas 25.000 puestos en el principal sector empleo del país, y "acabas de inventar una versión cutre de un tren, una columna de camiones circulando uno tras otro a distancia constante en un carril dedicado". Pero Doctorow no se queda en el chiste. La tesis más corrosiva del libro es otra: la web, pese a perder dinero durante años, tenía buena economía unitaria. La IA, no. Y confundir ambas cosas porque "las dos flotan, deben ser la misma cosa, son un pato, son una bruja" es un error de categoría.
El truco de los tres montones
Hay un tercer bulo, más sutil, que Doctorow llama el "truco de los tres montones". Consiste en mezclar tres cosas distintas: las mentiras que cuenta la industria, las tonterías que repite la prensa y la realidad. El ejemplo perfecto es Anthropic, que acaba de anunciar que es rentable, pero no según "principios contables generalmente aceptados". Confesión íntima: "somos rentables, pero las matemáticas son tan guays que no os las podemos explicar. Si usáis las matemáticas de verdad, no parece que lo seamos. Tenemos matemáticas nuevas". La misma semana, presenta una herramienta de seguridad tan potente que no puede mostrar cómo funciona. Y mientras prepara la salida a bolsa, pide a los inversores que no miren debajo de la manta. "Si la miras, te vas a convertir en una estatua de sal". La IA, resume, funciona "vendiendo billetes de 100 dólares a un dólar". Alguien decidió cobrar cinco dólares por el mismo billete y todos los que estaban comprando a un dólar se quejaron: "a cinco, el billete ya no vale".
Stewart, ballena varada
El tramo más personal del libro, y el que más efecto provoca en Stewart, es uno sobre la atención. ¿Por qué la IA se siente como una ballena varada que no consigue volver al mar? La respuesta, según Doctorow, es que "como la atención es la nueva mercancía, no puede ser mercancía y, al mismo tiempo, atender a otras mercancías". El sistema nervioso humano es un canal con la capacidad justa. Si lo saturas de contenido basura, no puedes enchufarlo a la vez a la publicidad. El problema es que eso choca con la lógica de Wall Street. Y en esa lógica, los creadores de contenido son una mierda: gatean, mendigan, alguien tiene que decidir qué atención vale la pena comprar. Doctorow critica la narrativa de que un algoritmo "para mí" resulta más democrático porque ahora tú, el pequeño creador, puedes llegar a tu público. Es mentira. Lo que tienes es "una persona en la sala de máquinas que decide qué mensajes se almacenan y cuáles se tiran por la borda". Puedes medir si tu mensaje llegó, pero no qué se hizo con él. La navaja de la logística te la aplican a la cara.
La raíz: capitalismo, no algoritmo
Doctorow lleva toda la conversación dejando caer una idea que conecta los puntos: cuando capital tiene monopolio o cártel, puede rebajar la calidad. "La automatización al servicio del trabajo busca calidad. La automatización al servicio del capital busca volumen". El ejemplo es el burrito del drive-thru. Esa regresión no es un accidente, es la consecuencia de premiar al capital por encima del trabajo durante los últimos cuarenta años. Y la solución, dice, "no es ningún misterio". No es revolucionaria. Es incremental. Si un trabajador cobra cien mil dólares y se le grava a un tipo, ¿por qué un inversor que recibe cien mil dólares de plusvalías no paga el mismo tipo? Tan sencillo y tan políticamente tóxico como eso. La broma que Doctorow pide prestada a Terranova: "Si querías llegar allí, no empezarías desde aquí". Cuesta más ahora que hace cuarenta años, cuando había más sindicalización, más distritos electorales justos, más tiempo libre. Pero seguimos estando mejor que nuestros abuelos劳动者, que montaron los sindicatos a tiros, literalmente.
La privacidad que Trump "desbaneó"
El bloque final conecta con la actualidad más inmediata. Doctorow testificó, los últimos días de la Administración Biden, ante la CFPB (la oficina de protección financiera del consumidor) en una audiencia sobre la prohibición de los data brokers. Trump la ha deshecho. La persona que habló antes de él en la mesa fue de la AARP (la asociación de jubilados estadounidense): los data brokers venden microsegmentación publicitaria a personas con demencia. La persona que habló después, del Pentágono: "puedes comprar como segmento publicitario a militares en la base con problemas de juego". El dato resume el problema de un plumazo: la última ley federal de privacidad del consumidor en Estados Unidos se aprobó en 1988. Prohíbe que el dependiente del videoclub chive tu historial de alquiler de VHS. "Y todas las demás formas de invasión de la privacidad son legales en América. Te espían porque pueden". El chiste Anderson Cooper: Apple puso una casilla en iOS para que Facebook no pudiera rastrearte. El 96% de los usuarios la marcó. "El otro 4% o estaba borracho o trabajaba en Facebook, o ambas cosas". Pero la misma Apple, a la vez, activó la vigilancia en iOS para alimentar su propio corretaje publicitario, sin casilla para desactivarla, y cuando le pillaron, mintió.
Conclusión: agencia y movimiento, no compra en el súper
Doctorow es lo bastante veterano para saber que el derrotismo es más rentable que la movilización. Por eso la última media hora del libro y de la entrevista es un manual de instrucciones. "Votar con la cartera es política de supermercado. El boicot de los autobuses de Montgomery no fue gente despertándose 380 días seguidos y diciendo 'hoy toca andar'. Fue un movimiento". No se trata de discutir en la frutería sobre si compras marca blanca o de marca. Se trata de construir con la gente que ves todos los días lo que necesitas para que el sistema cambie. Y la gente a la que tienes que tener como aliada la tienes ya al lado: la que compra distinto a ti, la que vota distinto a ti. Únete a un grupo local, a tu sección sindical, a la rama local del partido. El libro es, en el fondo, un ensayo sobre la agencia. No sobre la del consumidor, no sobre la del votante de sofá, sino sobre la del ciudadano que se organiza.
El cierre de Stewart es el más elocuente. Dice que la conversación con Doctorow le ha sacado del "doomer spiral" en el que llevaba semanas instalado. No porque crea que la IA no vaya a causar problemas serios, sino porque las soluciones a esos problemas ya están inventadas. Lo que falta, concluye, no son ideas. Falta gente. Y eso, dice, se cambia. Sistémicamente. Con legislación, con sindicatos, con primarias que no sean una batalla entre dos copias del mismo guion. ¿Que cuesta? Sí. ¿Que es difícil? También. Pero, ¿qué política seria no lo ha sido?
Datos del artículo
- Fuente: The Weekly Show with John Stewart, podcast de Comedy Central/Paramount, episodio del 28 de julio de 2026, en torno al minuto 6:30.
- Personaje entrevistado: Cory Doctorow, escritor canadiense-británico (Toronto, 1971), ex coordinador europeo de la Electronic Frontier Foundation, novelista de ciencia ficción postcyberpunk, autor de The Reverse Centaur's Guide to Life After AI (2026).
- Conductor: John Stewart, presentador estadounidense.
- Libro: The Reverse Centaur's Guide to Life After AI: How to Think About Artificial Intelligence Before It's Too Late. Doctorow presentó el libro como continuación de su trilogía sobre el "Chokepoint Capitalism" y como respuesta al "AI panic industrial" de la temporada.
- Tesis central: la IA no es una amenaza existencial, ni un apocalipsis laboral, ni un monstruo de control mental. Es una burbuja de inversión con economía unitaria rota que tiene tres salidas posibles: arreglarse regulando el capital, dejarse estallar o dejarse agarrar por quienes ya controlan el mercado. La peor de las tres es la última.
- Etiquetas: privacidad, trabajadores, antimonopolio, capital vs. trabajo, EFF, critipo, Trump, Zuckerberg, Altman.
