Este ensayo de Trent MacDonald, publicado en Isonomia Quarterly (vol. 4.2, verano de 2026) con motivo del 250.º aniversario de 1776, reexamina Estados Unidos como «sistema de estados» y plantea si los órdenes federativos y policéntricos pueden coordinarse a escala sin derivar hacia la centralización. Las teorías liberales clásicas y policéntricas —Ostrom, Tiebout, Hayek, Aligica y Tarko— subrayan las virtudes de la autoridad descentralizada: competencia, salida, experimentación, conocimiento local y diversidad institucional. No obstante, el autor sostiene que los sistemas de estados exitosos no solo se coordinan entre unidades existentes: también proliferan hacia adentro, generando nuevos municipios, agencias, distritos y jurisdicciones subordinadas, lo que profundiza la policentricidad pero crea interdependencia más densa y mayores exigencias de coordinación.
El texto argumenta que la centralización no es una imposición externa ni un simple fallo del diseño constitucional, sino una propiedad emergente de la coordinación exitosa. A medida que los sistemas federativos escalan, las unidades proliferantes requieren estándares compartidos, autoridad interpretativa, jerarquías complejas con integración estructural y capacidad colectiva ante riesgos sistémicos. La experiencia estadounidense ilustra esta paradoja federativa: un sistema diseñado para preservar la descentralización se ha vuelto, simultáneamente, más diferenciado localmente y más integrado centralmente. La salida no resuelve el problema, pues la integración eleva sus costes y reduce la relevancia de las alternativas jurisdiccionales. El desafío, concluye, no es crear sistemas descentralizados, sino sostener una descentralización significativa a medida que la coordinación se vuelve imprescindible.
