En un ensayo personal publicado en su blog brennan.day, el autor reflexiona sobre su propia rutina de escritura —más de 430.000 palabras en siete meses, casi 2.000 palabras diarias— y la aprovecha como punto de partida para examinar a figuras históricas cuya producción literaria fue todavía más desbordante. El texto repasa, con tono divulgativo y biográfico, las rutinas y métodos de varios gigantes de la escritura. G.K. Chesterton, que escribió alrededor de 80 libros, cientos de poemas, 200 relatos y unos 4.000 artículos periodísticos, dictaba a su secretaria Dorothy Collins tras un horario que se extendía hasta bien entrada la noche. Corin Tellado, autora española de más de 4.000 novelas y 400 millones de copias vendidas, debía entregar una novela de 76 páginas cada semana bajo contrato con la editorial Bruguera, lo que la obligó a convertir las restricciones de la censura franquista en una técnica narrativa. Lope de Vega, dramaturgo del Siglo de Oro, presumía de escribir unas veinte hojas diarias y de haber compuesto más de un centenar de obras en apenas 24 horas; su velocidad, según el autor, fue el motor de la comedia nueva y de telenovelas posteriores. Alexandre Dumas, por su parte, dirigía una auténtica “fábrica de novelas” en el París del siglo XIX gracias a colaboradores como Auguste Maquet, que investigaba en archivos y redactaba borradores que Dumas luego reescribía por lotes. El ensayo retrata la compulsión de escribir no como un capricho, sino como la estructura misma de una vida entregada a la palabra.
