Commodore resucita como marca y lanza el Callback 8020, un móvil tipo concha sin redes sociales

Fuentes: wired.me, Commodore moves from resurrected PCs to a Y2K-style flip phone called the Callback 8020, commodore.net

Comodore, la legendaria marca de computadoras personales de los años 80, está a punto de regresar al mercado con un producto que nunca llegó a fabricar: un teléfono móvil. Bajo el liderazgo de Christian Simpson, conocido en YouTube como Peri Fractic, la compañía lanzará el Callback 8020, un teléfono tipo concha con estética retro y un enfoque radical: bloquear por completo el acceso a redes sociales y navegadores web.

Simpson adquirió los restos de Commodore en 2025 y comenzó su andadura reviviendo el icónico Commodore 64, una versión FPGA del ordenador original de 1982 que, según la propia empresa, ha vendido 30.000 unidades desde el año pasado. Tras ese primer éxito nostálgico, el siguiente paso fue responder a una pregunta que el propio Simpson se plantea: ¿qué habría hecho Commodore en la era de los teléfonos móviles? "Creo que habrían seguido a Apple y lanzado un iPhone. O, al menos, un teléfono. Todas las demás empresas lo hicieron", afirma.

La respuesta es el Callback 8020, un flip phone que parte de un precio de 499 dólares y que combina la estética de principios de los años 2000 con un sistema operativo moderno pero restrictivo. En su interior equipa un procesador MediaTek Helio G81, 4 GB de RAM, 64 GB de almacenamiento, una pantalla interna de 3,25 pulgadas con resolución 480 x 640, conector de auriculares, radio FM y una cámara de 48 megapíxeles. Estará disponible en colores beige, blanco y plata, con una edición translúcida azul a 549,99 dólares y una versión "Founders Edition" en oro a 640 dólares.

El elemento más distintivo del dispositivo es su sistema operativo: una versión personalizada de Sailfish OS, desarrollado por Jolla —compañía fundada por ex ingenieros de Nokia— y enfocado en la privacidad. Este sistema bloquea a nivel técnico el acceso a servidores de redes sociales como Facebook, e impide la instalación de navegadores web. Sin embargo, al ser compatible con aplicaciones Android, los usuarios podrán solicitar mediante un sistema de listas blancas que ciertas apps sean aprobadas, tras pasar por un filtro combinado de inteligencia artificial y revisores humanos. Simpson se muestra abierto a incorporar servicios como Uber o Spotify, pero descarta de plano aplicaciones como Slack o Gmail.

En el comunicado oficial publicado en commodore.net, Simpson defiende la decisión argumentando que en los años 80 los ordenadores necesitaban ser abiertos para que los usuarios los conocieran, pero que hoy la situación es la inversa: "La computación quiere conocerte a ti, y conocerte absolutamente, y sus razones no son tan amigables". El Callback, asegura, es "el teléfono que se ocupa de sus propios asuntos", hasta el punto de que no es necesario iniciar sesión para usarlo.

El dispositivo incluye además detalles que apelan directamente a la nostalgia: puede emular un Commodore 64, incorpora una selección de juegos clásicos y utiliza el chip SID como tono de llamada. Según The Verge, el teléfono está diseñado para ser más silencioso que un smartphone convencional: en lugar de vibrar, cinco LEDs de colores se iluminan al recibir una notificación, y la pantalla exterior solo muestra la hora, fecha, batería y estado de conectividad.

Comodore planea comenzar los envíos antes de que finalice el año. Simpson reconoce los retos derivados de la escasez de componentes como la memoria RAM, pero asegura haber incorporado un colchón en el precio que, de no ser necesario, permitirá ofrecer descuentos de lanzamiento.

El lanzamiento llega en un momento particularmente propicio. El minimalismo digital gana adeptos y teléfonos como el Light Phone han demostrado que existe un mercado para dispositivos que priorizan la desconexión. A esto se suma el regreso de la estética Y2K y la nostalgia por los dispositivos con personalidad propia, como el Motorola RAZR o el Nokia 3310. La pregunta que queda en el aire es si los consumidores estarán dispuestos a pagar casi 500 dólares por un segundo teléfono que, deliberadamente, hace menos cosas que el que ya llevan en el bolsillo.