En China, los trayectos en taxi resultan más económicos que conducir un vehículo particular, una dinámica que se ha acentuado desde el estallido de la crisis del estrecho de Ormuz. Según datos del Ministerio de Transportes recogidos por Reuters, los viajes en taxi crecieron un 6% en mayo, hasta superar los 3.050 millones, en un contexto de encarecimiento del combustible y de electrificación masiva de las flotas urbanas. Las importaciones chinas de crudo cayeron un 41,3% interanual en junio, hasta 29,27 millones de toneladas, su nivel más bajo desde octubre de 2016, lo que ha tensionado los precios de la gasolina.
Casi la mitad de los taxis del país son eléctricos y en las grandes ciudades la cuota ronda el 100%, lo que los blinda frente a la volatilidad del petróleo. Además, la facilidad para acceder a un vehículo eléctrico y la ralentización económica han impulsado a muchos ciudadanos a trabajar como conductores para plataformas de movilidad. DiDi ha sumado más de 2 millones de vehículos híbridos o eléctricos en el último año, hasta superar los 8 millones libres de combustibles fósiles, con lo que la mayor oferta y competencia presionan las tarifas a la baja. Usuarios y analistas destacan el ahorro en carburante, la comodidad y la ausencia de problemas de aparcamiento. La incógnita es si el cambio responde solo al shock petrolero o si consolidará nuevos hábitos de movilidad cuando los precios se estabilicen.
