Un cofundador de Burning Man afirma que el festival ha perdido su esencia anarquista original al transformarse en un espectáculo comercializado para élites occidentales. Aunque reconoce que el evento sigue siendo divertido, sostiene que hoy es una 'Disneylandia' para personas adineradas, con campamentos de lujo y aviones fletados, muy lejos de la colaboración espontánea de sus inicios en San Francisco a finales de los años 80. El autor detalla cómo el festival surgió del Cacophony Society y de expediciones improvisadas al desierto de Black Rock en 1990, impulsado por artistas y free spirits sin jerarquías ni ideología oficial. Critica la posterior institucionalización bajo la guía de Larry Harvey, quien en 2004 formalizó los '10 Principios', argumentando que el espíritu original era una colaboración práctica y transgresora, no una filosofía teórica. Para el fundador, la actual versión del evento es un escape comercial donde el dinero permite huir de la realidad, en contraste con la experiencia auténtica y efímera de sus primeros años.
