Cody Wilson, activista de derechos de armas, ha presentado la WASP, descrita como la primera pistola generada por inteligencia artificial. El dispositivo, un fusil de calibre .22 impreso en 3D, fue probado en las instalaciones de Defense Distributed en Austin, Texas, y logró disparar con éxito dos de tres intentos, aunque su diseño presenta irregularidades estéticas propias de la generación por IA. Wilson afirma que el modelo GatGPT, entrenado con la base de datos DEFCAD, permite a los usuarios diseñar armas mediante diálogos en lenguaje natural, reduciendo la barrera técnica para la fabricación de armas sin número de serie. Esta iniciativa se enmarca en el movimiento 3D2A, que argumenta que los archivos digitales de armas son código protegido por la libertad de expresión. La creación de la WASP coincide con la implementación de leyes en Nueva York y California que exigen a los fabricantes de impresoras 3D instalar software de bloqueo de armas. Wilson ha criticado estas medidas, argumentando que las herramientas de detección basadas en hashes no pueden seguir el ritmo de los diseños generados por IA, y ha desarrollado la herramienta Hochulization para evadir estas restricciones. Críticos como Justin Wagner de Everytown advierten que esta tecnología facilita la posesión de armas por personas sin verificación legal, aumentando los riesgos de seguridad pública.
