El debut bursátil de SpaceX, que valoró la empresa en 1,77 billones de dólares y convirtió a Elon Musk en el primer trillonario del mundo, ha reavivado el malestar de cientos de estadounidenses ante el creciente peso de las grandes tecnológicas en sus fondos de pensiones. The Guardian consultó a más de 150 personas, cuya respuesta fue abrumadoramente crítica: muchos temen que la concentración de mercado aumente la desigualdad, la inestabilidad financiera y la dependencia de un sector que consideran sobrevalorado.
La mayoría de los ahorros para la jubilación en EE UU se canalizan a través de planes 401(k) invertidos en fondos indexados que replican índices como el S&P 500. Tras la presión de Musk para incluir SpaceX en esos índices antes de lo habitual, quienes no invierten directamente en tecnológicas se encuentran igualmente expuestos a su rendimiento.
Varios testimonios ilustran la frustración. Tim, ingeniero de 62 años en California, calificó la situación como un "casino gigante" del que es imposible escapar sin perder poder adquisitivo. Stephen, ingeniero de 33 años en Michigan, tachó de "abyecto" que sus ahorros estén atados a empresas que no rinden cuentas a los inversores. Matt Reynolds, profesor de 57 años en Washington, calificó de "alarmante" la consolidación del mercado. Kendra Ford, activista climática de 54 años en New Hampshire, consideró que el sistema enriquece a Musk mientras muchos ciudadanos no pueden costear alimentos ni sanidad.
Frente al pesimismo general, algunas voces, como la del politólogo Dimitris Eleas, reconocen los logros tecnológicos de SpaceX y la inteligencia artificial, aunque también alertan sobre la concentración de riqueza y poder en manos de unos pocos.
