El alfabeto cirílico, ampliamente celebrado en el mundo eslavo, va más allá de una simple apreciación de la alfabetización; tiene una fuerte dimensión política. Utilizado por más de 250 millones de personas en Europa del Este, Asia Central y Mongolia, el cirílico tiene su propio día festivo (24 de mayo en el mundo ortodoxo y 5 de julio en el mundo católico), marcado por conciertos y desfiles en honor a los hermanos Constantino-Cirilo y Metodio, considerados sus inventores. Monumentos y nombres conmemorativos a los hermanos son comunes en toda la región, desde Siberia hasta los Balcanes.
Si bien la mayoría de los alfabetos no tienen un inventor reconocido (como el alfabeto latino, atribuido a Carmenta según una leyenda romana), el cirílico sí, y su celebración se ha convertido en una herramienta política. Originalmente, se pensaba que un nuevo alfabeto era un signo de progreso, pero los estudios modernos de alfabetización revelan que las tecnologías de escritura están intrínsecamente ligadas al poder y al conocimiento. En la Edad Media, el acceso a la escritura estaba restringido a una élite clerical, por lo que el cirílico no benefició directamente a la mayoría de los eslavos.
Su éxito fue resultado de una serie de coincidencias y alianzas estratégicas. Por ejemplo, una élite morava intentó usarlo para elevar a un obispo eslavo, lo que se alineó con los intereses del Papa Juan VIII para reducir la influencia de los reyes francos. Sin embargo, esta aceptación fue efímera, y el uso del cirílico fue prohibido poco después. Posteriormente, Boris, el gobernante búlgaro, adoptó el cirílico para asegurar la independencia de su iglesia de Constantinopla, evitando la influencia cultural bizantina. La etnia de Boris es incierta, pero su adopción del alfabeto coincidió con la aparición de un gobernante búlgaro que potencialmente podía comprenderlo.
La historia del cirílico está intrínsecamente ligada a agendas políticas, con élites que lo apoyan y abandonan según sus intereses. Actualmente, Rusia está utilizando la celebración del cirílico para justificar sus acciones en Ucrania, reclamando una unidad eslava basada en una interpretación sesgada de la historia medieval. Putin ha vinculado el antiguo Rus con la Rusia moderna, utilizando el idioma eslavo antiguo como sinónimo de ruso. En esencia, el artículo argumenta que el cirílico, desde su invención hasta la actualidad, ha sido un instrumento político más que una celebración genuina de la alfabetización.
La historia del cirílico nos recuerda que incluso los avances culturales pueden ser manipulados para servir a agendas políticas, y que la celebración de la alfabetización puede ser una herramienta de propaganda.
