Un desarrollador ha documentado el laborioso proceso que necesitó para que el timbre de su puerta volviera a ser audible dentro de su vivienda, tras instalar un videoportero Blink barato. El dispositivo solo emitía sonido en el exterior, así que su esposa, que no lleva el teléfono siempre encima, dejó de notar a los visitantes. Para solucionarlo, el autor ideó una cadena de cinco servicios en la nube: cuando alguien pulsa el Blink, se activa una rutina de Alexa que enciende una bombilla virtual en Samsung SmartThings; un servidor en una VPS recibe el webhook correspondiente y expone un endpoint; un mini-PC doméstico con Home Assistant consulta ese endpoint y reproduce un audio en un Google Home Mini.
El montaje funciona desde hace unos dieciocho meses y respeta dos condiciones autoimpuestas: no pagar suscripciones y no exponer el mini-PC a internet. Sin embargo, Samsung ha anunciado que el acceso personal a la API de SmartThings pasará a costar 4,99 dólares al mes, lo que obliga a replantear el único eslabón del circuito dedicado exclusivamente a almacenar un bit en la nube. El caso ilustra la fragilidad de los automatismos domésticos dependientes de plataformas de terceros y el riesgo de que cambios en sus políticas de precios dejen obsoletas instalaciones que, en teoría, iban a simplificar la vida cotidiana.
