Un equipo de científicos de la Institución Oceanográfica de Woods Hole, con autorización de la EPA estadounidense, ha vertido 65.000 litros de hidróxido de sodio en el golfo de Maine. El ensayo, realizado en marzo de 2026, busca probar la mejora de la alcalinidad oceánica (OAE), una técnica de geoingeniería que contrarresta la acidificación del mar y aumenta su capacidad de absorber CO₂. Durante la inyección, el pH del agua subió de 7,9 a 8,3 y volvió a la normalidad en cuatro días. Según los investigadores, se retiraron entre 2 y 10 toneladas de CO₂, con una proyección de hasta 50 toneladas conforme la pluma se diluía. Los análisis no mostraron efectos agudos en larvas de peces ni plancton.
No obstante, los informes técnicos advierten de riesgos. La precipitación secundaria de carbonatos, activada al superar ciertos umbrales, puede liberar CO₂ en lugar de capturarlo. Un ensayo reciente mostró pérdidas de hasta el 10% del CO₂ almacenado en semanas. Además, cada mol de alcalinidad añadida solo produce 0,35 moles de reducción de CO₂ atmosférico. Los modelos ecológicos proyectan caídas de hasta el 15% en la producción primaria neta y alteraciones impredecibles en el fitoplancton. También preocupa la liberación de metales pesados si se usan minerales molidos, como señalan NRDC y EDF. Este experimento es el primero de su tipo en aguas estadounidenses y abre un debate sobre la viabilidad de la geoingeniería oceánica.
