Un equipo de científicos de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego ha propuesto incorporar el oxígeno disuelto en aguas —oceánicas, costeras, fluviales y lacustres— como un nuevo límite planetario, ante el ritmo alarmante con el que están cayendo sus niveles a nivel global. La propuesta, publicada en la revista Limnology and Oceanography, busca elevar la desoxigenación acuática al rango de los grandes procesos que regulan la estabilidad del planeta, junto al cambio climático, la acidificación oceánica o la pérdida de biodiversidad.
El concepto de límites planetarios, presentado en 2009 por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, establece nueve umbrales cuyo rebasamiento sitúa a la Tierra en un "espacio inseguro" potencialmente irreversible. Según la última revisión, realizada en septiembre de 2025 por la Universidad de Estocolmo, ya se han sobrepasado siete de esos nueve límites. Los autores del nuevo estudio, liderados por la investigadora Erica Ferrer y la oceanógrafa biológica Lisa Levin —quienes concibieron la idea tras asistir a la COP25 en Madrid en 2019— consideran que el oxígeno acuático debería ser el décimo.
Las causas de la desoxigenación son múltiples y se retroalimentan entre sí. En primer lugar, el exceso de nutrientes —fenómeno conocido como eutrofización— provocado por fertilizantes ricos en nitrógeno, estimula la proliferación descontrolada de algas que enturbian el agua, bloquean la luz solar y, al morir, son descompuestas por bacterias que consumen grandes cantidades de oxígeno. En segundo lugar, el calentamiento del agua reduce su capacidad para disolver oxígeno. Y, en tercer lugar, la alteración de la ventilación y circulación de las aguas —agravada por la construcción de presas y otras infraestructuras— impide una distribución adecuada del gas.
Las consecuencias afectan a toda la cadena biológica. Desde microorganismos hasta peces y tiburones, pasando por mamíferos marinos que, aunque respiran en la superficie, ven alteradas sus presas, hábitats y redes tróficas. Además, la desoxigenación interfiere en procesos biogeoquímicos fundamentales para la regulación climática, como el ciclo del carbono.
"La salud y estabilidad de nuestro planeta depende de la salud y estabilidad de los ecosistemas acuáticos, que necesitan oxígeno para funcionar con normalidad", señaló Ferrer. El estudio pretende demostrar que la desoxigenación no opera de forma aislada, sino que interactúa con los otros nueve límites planetarios, amplificándolos. Si se le otorgase ese estatus formal, argumentan los autores, la comunidad científica y los responsables políticos estarían más atentos a su evolución y podrían actuar a tiempo.
De momento se trata solo de una propuesta, pero los datos disponibles respaldan su urgencia. La comparación recurrente de los autores resulta elocuente: si los bosques son el pulmón terrestre, los océanos, ríos y lagos son el pulmón acuático del planeta, y fue precisamente en el agua donde surgió la vida. Ignorar su deterioro equivaldría a desatender el sistema que sostiene la biosfera desde sus orígenes.
