Un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) ha demostrado que es posible aprovechar las ondas sísmicas generadas por los truenos —los llamados "thunderquakes"— para obtener imágenes del subsuelo terrestre, una vía intermedia entre esperar un terremoto y provocar una explosión controlada. La mayor parte de lo que sabemos sobre el interior de la Tierra procede de las ondas sísmicas, que viajan a distintas velocidades según las propiedades de las rocas: si son sólidas o semisólidas, su fracturación o el agua que contienen.
El problema de los truenos es que la señal resultante es extremadamente compleja. El rayo genera una cadena de burbujas de plasma sobrecalentado a lo largo de su trayectoria, una estructura comparada con un collar de cuentas. Cada una de esas cuentas puede producir una onda de choque acústica, y todas se expanden e interfieren entre sí mientras trazan el recorrido, siempre sinuoso, del relámpago. Al impactar en el suelo en un punto y expandirse con rapidez, aunque perdiendo potencia, la señal se vuelve muy difícil de interpretar.
Según el equipo de Penn State, ahora han construido un modelo capaz de desentrañar esa complejidad y lo han empleado para reconstruir el terreno bajo el campus universitario, lo que abre una nueva fuente de datos sísmicos gratuita y prácticamente continua.
