China recupera por primera vez una etapa orbital de acero inoxidable con el Zhuque-3 de LandSpace

Fuentes: China recupera por primera vez una etapa orbital de acero inoxidable con el Zhuque-3 de LandSpace, arstechnica.com

China ha dado un paso decisivo hacia la reutilización de cohetes orbitales con la recuperación, por primera vez en el país, de una etapa de acero inoxidable mediante un aterrizaje vertical con patas. El logro lo completó el 19 de agosto de 2026 el Zhuque-3 Y2 de la compañía privada LandSpace, que despegó desde la zona de pruebas de Dongfeng, en el centro espacial de Jiuquan, y placingó en órbita el satélite Honghu-03. Apenas 40 días antes, el Long March 10B, vinculado a la estatal CASC, había recuperado otra etapa mediante una red instalada sobre una plataforma marítima. Son dos demostraciones de que China avanza con rapidez, aunque por dos sendas tecnológicas diferentes, en un terreno inaugurado a escala moderna por SpaceX en 2015.

El vuelo del Zhuque-3 Y2 comenzó a las 07:35 hora local, según la información de Xataka basada en la crónica de Xinhua. Aproximadamente 137 segundos después del despegue, el cohete separó sus dos etapas. La etapa superior continuó hacia la órbita prevista, mientras que la primera inició una compleja secuencia de regreso. La operación incluyó reorientación en vuelo, encendido de motores para reducir la velocidad, control aerodinámico durante la reentrada y una maniobra final de frenado antes de desplegar las patas. El aterrizaje se produjo alrededor de las 07:41 en Minqin, provincia de Gansu, según LandSpace. Fue un amerizaje terrestre suave, sin incidentes conocidos, y constituye la primera recuperación en China de una etapa de un lanzador orbital mediante este sistema.

El cohete de LandSpace mide 66,1 metros de largo y 4,5 metros de diámetro. Su primera etapa utiliza nueve motores Tianque-12A, alimentados con metano y oxígeno líquido, con un empuje regulable entre el 40% y el 110%. La compañía introdujo cambios respecto al vuelo anterior: redujo el número de motores empleados durante el encendido de aterrizaje, ajustó la estrategia de control y añadió al sistema autónomo de seguridad una función de predicción del punto de caída. La recuperación no fue, por tanto, una simple repetición del lanzamiento, sino una misión de validación tecnológica.

La elección del acero inoxidable es uno de los aspectos más destacados. Frente al aluminio-litio empleado en los depósitos del Falcon 9, LandSpace ha apostado por un material más denso y barato, con buenas propiedades de soldadura y resistencia a las altas temperaturas. De acuerdo con la información publicada por Xataka y atribuida al South China Morning Post, el aterrizaje del Zhuque-3 Y2 podría ser la primera recuperación mundial de una etapa orbital fabricada con este material. La densidad implica un coste de masa potencialmente mayor, pero la empresa considera que la diferencia puede compensarse con un proceso de fabricación más sencillo y una mayor robustez térmica.

La importancia económica es considerable. Según Xinhua, la primera etapa representa cerca del 70% del coste de un cohete, mientras que el combustible apenas supone entre el 1% y el 3%. Recuperarla permite reducir el impacto de la parte más cara del vehículo, pero no significa automáticamente que el lanzador sea reutilizable. Tras el aterrizaje, la etapa debe ser trasladada, inspeccionada, sometida a pruebas y, en su caso, reparada antes de volver a volar. LandSpace ha iniciado precisamente ese proceso de validación. El próximo examen consistirá en comprobar si el booster puede regresar al espacio con una frecuencia y fiabilidad comparables a las del Falcon 9.

El precedente más inmediato llegó el 10 de julio, cuando el Long March 10B completó una misión orbital y recuperó su primera etapa sobre una plataforma marina en el mar de China Meridional. A diferencia del Zhuque-3, no aterrizó sobre sus propias patas. El booster descendió verticalmente hasta que cuatro ganchos quedaron atrapados por una red flexible instalada en la plataforma. El sistema transfiere parte del equipo de recuperación a una infraestructura externa, lo que evita añadir patas y consume la masa del cohete en beneficio de la carga útil o de otros componentes. China ha demostrado, de este modo, dos respuestas diferentes al mismo problema: un sistema integrado de patas y un mecanismo externo de captura.

La experiencia china todavía está muy lejos de la escala alcanzada por SpaceX. Según el expediente citado por Xataka, a 31 de marzo de 2026 el Falcon 9 acumulaba alrededor de 620 lanzamientos orbitales. Solo en 2025 realizó 165 misiones, 157 de ellas con boosters que ya habían volado anteriormente. La diferencia no está solo en haber aterrizado una etapa, sino en haber convertido la recuperación en una operación industrial repetitiva. Ars Technica recuerda que, en Estados Unidos, SpaceX realizó el primer aterrizaje propulsivo de una etapa orbital en 2015 y Blue Origin tardó diez años en conseguir una proeza comparable, mientras varias empresas trabajan ahora en sistemas reutilizables. En China, los programas se dividen entre grandes compañías estatales y empresas privadas respaldadas por capital privado, lo que amplía la competencia y acelera la experimentación.

Los dos éxitos tampoco deben confundirse con una reutilización plenamente demostrada. El Long March 10B prevé completar antes de que termine 2026 un vuelo con reutilización de su primera etapa, mientras LandSpace debe avanzar desde la recuperación hacia la inspección y el relanzamiento. Si esas pruebas tienen éxito, China contará con una base más sólida para reducir costes y aumentar su cadencia de lanzamiento. Por ahora, el país ha resuelto de forma notable la difícil tarea de traer de vuelta una etapa desde una misión orbital. La auténtica revolución será conseguir que el mismo booster vuelva a volar de manera segura, económica y sistemática.