China ha logrado por primera vez el aterrizaje controlado de un cohete reutilizable, un hito que la acerca a la tecnología que ya dominan SpaceX y Blue Origin. El pasado 10 de julio, a las 12:15 hora de Pekín, el cohete Long March 10B despegó desde el Centro de Lanzamiento Comercial de Hainan y, aproximadamente seis minutos después del lanzamiento, su primera etapa se separó de la etapa superior y regresó a la Tierra para aterrizar en posición vertical sobre una plataforma flotante, donde fue recuperado con éxito mediante un sistema de captura en red. La agencia estatal Corporación China de Ciencia y Tecnología Aeroespacial (CASC) confirmó el éxito de la operación una vez completada, siguiendo el patrón habitual del programa espacial chino de no realizar transmisiones en directo ni anuncios previos sobre sus pruebas.
El Long March 10B tiene capacidad para transportar al menos 16 toneladas métricas a la órbita terrestre baja y, según informa 20minutos.es, incorpora un sistema de ganchos que se enganchan a una red sostenida por la plataforma flotante, una tecnología diferente a la empleada por SpaceX, cuyo Falcon 9 aterriza directamente sobre sus propias patas. Esta diferencia técnica no resta mérito al logro, ya que la reutilización del propulsor reduce de forma considerable el coste de los lanzamientos y constituye uno de los componentes más caros de cualquier cohete.
Este avance es la culminación de un proceso que China venía preparando desde hace meses. En febrero, según recuerda 20minutos.es, ya realizó una prueba preliminar con el Long March 10A, que efectuó un descenso controlado y amerizó cerca de una plataforma de recuperación. El éxito del Long March 10B supone, por tanto, la consolidación definitiva de un sistema de lanzamiento reutilizable.
El referente inmediato es SpaceX, que en diciembre de 2015 logró el primer aterrizaje exitoso de un Falcon 9 tras un vuelo orbital y, desde entonces, ha perfeccionado esta tecnología hasta realizar alrededor de 150 lanzamientos anuales con propulsores capaces de volar en múltiples ocasiones. Blue Origin se sumó a esta lista en 2025 con su cohete New Glenn. China es, por tanto, el tercer actor en conseguir este tipo de recuperación orbital controlada, aunque con un método distinto de aterrizaje.
El logro chino llega en un momento de creciente competencia asiática en el sector. Tal como señala Xataka.com, la agencia espacial japonesa JAXA ha finalizado recientemente las pruebas de su cohete RV-X, aunque se trata únicamente de un vehículo experimental que se elevó 11 metros, se desplazó 16 metros horizontalmente y aterrizó en apenas 40 segundos, sin carga útil ni alcance orbital. La diferencia entre ambas iniciativas es considerable: mientras el programa japonés se encuentra en una fase de validación tecnológica, el chino ya ha demostrado capacidad operativa en condiciones reales de lanzamiento orbital.
Las implicaciones del éxito van más allá del ámbito comercial. La reutilización de cohetes no solo abarata los lanzamientos, sino que también podría reducir la cantidad de basura espacial generada por cada misión. Xataka.com recuerda que China es responsable de tres de los cuatro peores episodios de basura espacial del siglo XXI, según expertos, por lo que la adopción de sistemas reutilizables podría tener un efecto positivo en la sostenibilidad de su actividad orbital. SpaceX ya ha implementado esta lógica con el Falcon 9 y trabaja para extenderla al Starship, aunque la compañía de Elon Musk sigue recibiendo críticas por su contribución a la contaminación lumínica y a la saturación de órbitas bajas con satélites Starlink.
La confirmación a posteriori del éxito, sin transmisiones en directo ni anuncios previos, es característica del programa espacial chino, que suele comunicar sus logros una vez completados, a diferencia del modelo más transparente de SpaceX o Blue Origin. Esta opacidad dificulta el análisis independiente del logro, aunque la información publicada por CASC y recogida por medios como la BBC y Xataka.com coincide en lo esencial: China ha conseguido recuperar un propulsor orbital por primera vez en su historia.
A corto plazo, se espera que China continúe realizando pruebas para perfeccionar el sistema de captura en red y validar la reutilización efectiva del propulsor en vuelos sucesivos, un paso que SpaceX ya da por sentado con su flota de Falcon 9. Si el programa mantiene su ritmo, el país asiático podría convertirse en un competidor directo en el mercado comercial de lanzamientos, hasta ahora dominado por actores occidentales. El Long March 10B marca, en definitiva, el inicio de una nueva etapa en la carrera espacial global.
