La Universidad de Xidian, en China, ha puesto en marcha el proyecto Zhuri —«perseguir el Sol» en chino—, con el que el país asiático se suma a la carrera por la energía solar espacial que lideran Estados Unidos, Europa y Japón. Zhuri parte de un espejo con forma de cúpula de 4,8 metros, suspendido en una torre de 75 metros, que concentra la luz solar en paneles. La electricidad generada se convierte en microondas para su transmisión y, al llegar a la Tierra, una antena rectificadora (rectenna) la reconvierte en corriente continua apta para el consumo. El sistema incorpora además lentes de Fresnel de entre 2 y 7 metros y líquidos refrigerantes para gestionar el calor. En las primeras pruebas, los investigadores chinos han obtenido energía del orden de kilovatios, un resultado calificado de muy positivo.
El proyecto se diferencia de la iniciativa estadounidense Reflect Orbital, que envía luz solar a la Tierra en lugar de electricidad. Frente a las grandes estructuras monolíticas propuestas por otros países, China apuesta por unidades modulares que vuelan en formación, lo que mejora la resistencia y facilita el mantenimiento. Entre los retos comunes figuran el despliegue de estructuras plegables, la precisión de los haces de microondas y la seguridad para aeronaves y medioambiente. A corto plazo, el objetivo no es alimentar hogares, sino cargar satélites en órbita o abastecer bases lunares.
