China ha implementado el programa de los 'Tres Nortes' desde 1978 para frenar el avance del desierto de Gobi mediante la plantación masiva de árboles. Sin embargo, estudios recientes revelan que esta forestación ha provocado una paradoja ecológica: la reducción drástica de la recarga de acuíferos y el descenso de los niveles freáticos en zonas áridas y semiáridas. La revegetación extensiva en regiones con precipitaciones inferiores a 400 milímetros anuales ha superado la capacidad de recarga natural del suelo, agotando las reservas de agua subterránea.
El análisis de datos satelitales de cuatro décadas muestra que, aunque la productividad vegetal ha aumentado, la evapotranspiración elevada ha disminuido la humedad del suelo y el almacenamiento hídrico. Especies como el pino mongólico y el arbusto Salix psammophila se han correlacionado con caídas lineales del nivel freático. A nivel global, la forestación en zonas secas puede causar descensos de entre 0,5 y 3 metros en los niveles freáticos. En el norte de China, el estrés hídrico crónico se ve agravado por la irrigación agrícola, con descensos medios de 1,88 centímetros anuales en la cuenca del río Haihe entre 2003 y 2020.
Ante estos hallazgos, las políticas públicas están experimentando un ajuste necesario. Se busca reducir la dependencia de monocultivos de especies demandantes de agua e integrar arbustos, herbáceas y especies nativas que estabilicen el suelo sin agotar insosteniblemente los acuíferos, adaptando la restauración ecológica al clima local.
