China ha encontrado un nuevo filón turístico más allá de su patrimonio histórico: las visitas a fábricas de vehículos eléctricos, laboratorios de inteligencia artificial y plantas de robótica se han convertido en un negocio en expansión. Operadores como GloPen, Tech Buzz China y China Study Tour ofrecen paquetes de entre 3.000 dólares y siete días con acceso a gigantes como BYD, Huawei o DJI, mientras que en plataformas como Viator existen opciones más asequibles, como el recorrido bilingüe por Shenzhen desde 80 euros que incluye demostración de drones, viaje en robotaxi y tiendas de gafas de IA.
El fenómeno responde a la estrategia industrial china del último decenio —recogida en planes como 'Made in China 2025'— y a la guerra tecnológica con Estados Unidos, que ha estrechado los canales de colaboración convencionales. La política china de exención de visado, abierta en 2025 a cerca de 50 países, facilita los desplazamientos. Estos viajes refuerzan alianzas económicas —España, India y varias economías europeas están actualizando sus estrategias industriales— y funcionan como escaparate de marca, con episodios virales como el vuelo del youtuber iShowSpeed en Shenzhen o los robots haciendo kung-fu que vio el canciller alemán Merz. El recorrido, sin embargo, suele mostrar el escaparate diseñado por los fabricantes y deja fuera cuestiones como las condiciones laborales o la política ambiental.
