En Dongsheng, región china de Mongolia Interior, la mayor mina de carbón a cielo abierto del distrito, Minda, convive con hileras de invernaderos repletos de verduras que crecen sobre terrenos antes dedicados a la extracción. El caso ilustra una estrategia más amplia: solo en Ordos, las autoridades locales contabilizaban en 2025 un total de 39 proyectos de agricultura y ganadería ecológicas vinculados a la recuperación de superficies mineras, junto a parques y plantas fotovoltaicas.
Antes de cultivar, el terreno se reconstruye: el material extraído se criba para eliminar las piedras grandes y se repone una capa de unos 60 centímetros de suelo apto para el cultivo. Después se recupera fertilidad con materia orgánica procedente de paja y estiércol fermentado. En Minda, la recuperación abarca unas 14.000 mu, alrededor de 933 hectáreas, con 300 invernaderos y una producción agrícola que en 2025 alcanzó 12 millones de yuanes. La falta de agua obligó a invertir 150 millones de yuanes, cerca de 19 millones de euros, en depósitos y sistemas de captación de lluvia.
El fenómeno se extiende a otras localidades: en Dafanpu se han desarrollado 59 hectáreas de frutales y más de 33 de viñedos sobre terrenos recuperados, mientras que en Shaanxi, Ningtiaota transformó 13 hectáreas de subsidencia minera en un parque de invernaderos con tomates, pimientos, melones y más de veinte tipos de frutas y verduras.
No obstante, la idoneidad de estos cultivos sigue bajo análisis. Un estudio de 2025 sobre rellenos con ganga de carbón en Mongolia Interior concluyó que el suelo recuperado cumple los estándares agrícolas, aunque presenta fertilidad baja y sitúa al cadmio como principal factor de riesgo ecológico. China aplica para ello estándares como el GB 15618-2018, que fija límites de contaminantes en suelos y alimentos.
