China está potenciando la construcción de pueblos y parques temáticos que imitan estilos arquitectónicos y entornos históricos tradicionales para consolidar su oferta turística. La tendencia, conocida como fanggu, responde al interés de los visitantes por sumergirse en ambientes con solera y se apoya tanto en el mercado interno como en el turismo internacional. Un reportaje de CNN cita ejemplos como la Ciudad del Agua de Gubei, en las afueras de Pekín, levantada en 2014 por una empresa estatal y descrita por Lonely Planet como un proyecto comercial que recrea, con elementos del sur del país, un paisaje típico de Jiangnan junto a la Gran Muralla. Otros casos incluyen Datang Everbright, en Xi'an, inspirado en la dinastía Tang, y Unique Henan: Land of Dramas, en Zhengzhou, un complejo inaugurado en 2021 que acumula más de 58 millones de visitantes hasta finales de 2025, el 80% procedente de fuera de la provincia. Estos recintos combinan teatro, arquitectura, gastronomía y productos culturales en entornos inmersivos, según explica Liu Kaipeng, ejecutivo de la operadora. La estrategia permite a China concentrar en localizaciones accesibles referencias patrimoniales que en su territorio están muy dispersas, y moldear la experiencia turística según el relato deseado.
