Imágenes por satélite han revelado la construcción de unos 320 nuevos silos para misiles intercontinentales en los desiertos del oeste de China, cerca de Yumen, Hami y Ordos, una cifra sin precedentes para un país que históricamente había mantenido un arsenal reducido. El Pentágono estima que China ya supera las 600 cabezas nucleares operativas y que podría rebasar las 1.000 antes de 2030.
El cambio representa una transformación doctrinal: Pekín ha pasado de una estrategia de represalia mínima garantizada a otra orientada a ampliar, dispersar y dificultar la destrucción de su arsenal en un primer golpe, siguiendo la lógica de la disuasión mutua de la Guerra Fría. Algunos de los silos podrían permanecer vacíos como señuelos, según diversos analistas.
La expansión terrestre se complementa con los submarinos de las clases Type 094 y Type 096, dotados con misiles JL-2 y JL-3, y con el futuro bombardero furtivo H-20, con los que China busca completar una tríada nuclear operativa. Además, el país desarrolla vehículos hipersónicos de planeo, como el futuro DF-61, y misiles modernos de combustible sólido con cabezas múltiples independientes (MIRV), capaces de moverse sobre grandes plataformas móviles y reducir su vulnerabilidad ante un ataque.
