Chevrolet presentó el Corvette Grand Sport X, un modelo que hereda el sistema híbrido del extinto E-Ray pero incorpora un nuevo motor, nuevos modos de conducción y ajustes de software que transforman su carácter dinámico. El ingeniero jefe Keith Badgley explicó que muchos propietarios del E-Ray lo llevaban a circuitos a pesar de su orientación como gran turismo, y la respuesta fue una tendencia al subviraje que no satisfacía a quienes buscaban prestaciones en pista.
El desarrollo paralelo del ZR1X híbrido de 1.250 caballos creó la base técnica para reposicionar la mecánica híbrida del Corvette. El Grand Sport X aprovecha ese trabajo para ofrecer una experiencia más agresiva y precisa, manteniendo la tracción total y la capacidad de uso diario. Según Badgley, la diferencia clave frente al E-Ray reside en la calibración electrónica y los modos de conducción, más que en cambios mecánicos radicales.
El modelo se sitúa en la gama por debajo del ZR1 y el ZR1X, pero por encima del Stingray estándar, y representa la apuesta de Chevrolet por demostrar que el código de control puede transformar el comportamiento de un vehículo tanto como su hardware. La marca estadounidense busca así llenar el hueco dejado por el E-Ray con una propuesta más orientada al conductor deportivo.
