El medio 20bits ha planteado a cuatro de los principales chatbots —ChatGPT, Gemini, Copilot y Grok— la pregunta de cómo la inteligencia artificial podría llegar a acabar con la humanidad. Las respuestas coinciden en que el riesgo no procede de una rebelión de máquinas conscientes, sino de problemas de alineación de objetivos, pérdida de control sobre sistemas autónomos y un uso humano irresponsable o mal regulado.
ChatGPT advierte de que el escenario más preocupante no es una IA que odie a las personas, sino una tecnología muy capaz que cumpla exactamente su función con consecuencias no anticipadas, y aboga por mantener mecanismos de supervisión humana. Gemini, de Google, coincide en que el peligro real reside en la falta de previsión al conceder autonomía a sistemas cuyas prioridades no estén alineadas con la supervivencia humana. Grok, la IA de xAI, califica el riesgo como real y serio, respaldado por investigadores como Bostrom y Yudkowsky, y subraya que el resultado dependerá de las decisiones que se tomen en las próximas décadas. Copilot, de Microsoft, insiste en que la mayor amenaza es el mal uso, la ausencia de control y una regulación insuficiente.
La consulta se enmarca en las advertencias recientes de Jacob Coxon, extrabajador de Anthropic y OpenAI, que alertó de que una IA avanzada podría convertirse en una amenaza existencial antes de 2030 si los sistemas se vuelven incontrolables.
