Un estudio reciente revela una caída histórica y sin precedentes en la felicidad autopercibida en Estados Unidos, comenzando alrededor de 2020 y persistiendo hasta 2024. El economista Sam Peltzman documentó esta “transformación de régimen” en el sentimiento nacional, observando una disminución generalizada que afecta a casi todas las demografías, independientemente de la edad, ingresos o nivel educativo. Esta tendencia se refleja en otros indicadores como la satisfacción laboral, el sentimiento del consumidor y el ranking del país en el Informe Mundial de la Felicidad, donde ha alcanzado su nivel más bajo, especialmente entre los jóvenes. Paradójicamente, esta caída en la felicidad ocurre en un contexto de relativa prosperidad económica: el desempleo es bajo, el crecimiento económico supera al de otras naciones ricas y los salarios de los trabajadores de menores ingresos han aumentado. Los expertos buscan las causas de este fenómeno, descartando explicaciones simplistas como la desigualdad salarial o el uso de redes sociales, sugiriendo que la persistencia de los efectos de la pandemia de COVID-19, incluyendo la inflación y la incertidumbre económica, podría ser un factor clave. La situación plantea un desafío para los responsables políticos, ya que el bienestar subjetivo influye en actitudes políticas y decisiones económicas.
