¿Cuál es la mejor agua con gas que se puede comprar en París? Tres aficionados respondieron a esa pregunta con un experimento casero: una cata a ciegas de 14 marcas disponibles en tiendas parisinas, evaluadas por sabor general, efervescencia y mineralidad. El informe, publicado en formato de artículo, ofrece un ranking claro y pistas concretas sobre qué buscar al elegir un agua carbonatada.
El ganador de la cata general fue Numen, con una puntuación media de 3,50 sobre 5 en apreciación global, seguido muy de cerca por Fine Bulle Perrier (3,33), Quézac (3,00) y San Pellegrino (3,00). En el extremo opuesto, St Yorre y Rozana obtuvieron las peores valoraciones: los catadores coincidieron en describirlas como excesivamente minerales, con descripciones que iban desde "sabe a aspirina" hasta compararlas con "pis".
El análisis de los datos muestra que un contenido elevado de minerales fue penalizado de forma sistemática, mientras que una mayor efervescencia tendió a correlacionarse con mejor puntuación. Las aguas con más minerales solían ser también las más planas, una combinación que el panel no disfrutó. El precio presentó una correlación positiva pero débil con la calidad percibida, lo que permite identificar tres referencias con buena relación calidad-precio: Quézac, San Pellegrino y Badoit Intense.
Además de la cata general, los autores organizaron un torneo de eliminación directa entre las ocho mejores aguas. San Pellegrino se llevó el título, con un 44,8 % de la "fuerza" estimada mediante un modelo de Bradley-Terry, muy por delante de Fine Bulle Perrier (15,1 %) y Numen (11,7 %). Una curiosidad: aunque el autor del informe fue el que menos coincidió con sus dos compañeros, defendió a San Pellegrino como su favorito, una posición que el resultado del torneo acabó respaldando.
Las principales conclusiones del informe son claras: para quienes busquen la mejor experiencia de sabor, Numen lidera; los que busquen equilibrio entre calidad y precio deberían probar Quézac, San Pellegrino o Badoit Intense; conviene evitar St Yorre y Rozana por su exceso de mineralidad; y Fine Bulle Perrier supera con holgura a la Perrier clásica, una diferencia que los autores consideran poco conocida en el mercado.
