La Generalitat de Cataluña ha autorizado la reintroducción de focas monje (Monachus monachus) en el Mediterráneo, con el objetivo de devolver a la especie a sus costas catalanas a partir de 2027. El plan, impulsado por el secretario de Transición Ecológica, Jordi Sargatal, contempla el traslado de ejemplares desde la colonia de Cabo Blanco, en el Sáhara Occidental, para restaurar el equilibrio ecológico de la región. La especie, cuya población mundial se estima entre 800 y 1.000 individuos, fue extinta en las costas catalanas durante el siglo XX debido a la caza y la transformación del litoral, con el último avistamiento documentado en 1973.
Sin embargo, la iniciativa enfrenta una fuerte oposición por parte de dos municipios: El Port de la Selva y Cadaqués. Los pescadores y autoridades locales temen que la llegada de estos depredadores afecte gravemente a la actividad pesquera, ya que cada ejemplar adulto puede consumir hasta 30 kilos de pescado al día, una cantidad comparable a las capturas de una embarcación durante una semana. El Ayuntamiento de Cadaqués rechaza específicamente la instalación de un recinto experimental en Cala Jugadora, dentro del Parque Natural del Cap de Creus, argumentando que esto restringiría la navegación, el fondeo y el acceso a pie, perjudicando a más de mil embarcaciones y al turismo. Mientras tanto, la Generalitat mantiene el proyecto en fase preliminar y ha planteado estudiar otros emplazamientos próximos a Portbou para mitigar las resistencias locales.
