Castrillo de los Polvazares: el pueblo maragato que resiste al paso del tiempo

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En la comarca leonesa de la Maragatería, a apenas siete kilómetros de Astorga, se alza Castrillo de los Polvazares, uno de los pueblos más reconocidos de España y declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1980. Su trazado urbano medieval, íntimamente ligado al Camino de Santiago Francés, está definido por calles totalmente empedradas —pavimentadas a finales del siglo XIX para el tránsito de carruajes—, viviendas de piedra y arcilla roja con grandes portones verdes, azules y rojos, y tejados de pizarra que se funden con el paisaje montañoso.

El origen del pueblo está unido a los arrieros maragatos, comerciantes que durante siglos transportaron pescado en salazón, aceite y chocolate entre la costa y el interior, alcanzando una prosperidad que explica la calidad de su arquitectura. La llegada del ferrocarril a Astorga en 1866 acabó con aquel modo de vida, aunque las casas se conservaron y hoy acogen tiendas de artesanía y restaurantes.

Entre su patrimonio destacan la iglesia de Santa María Magdalena, con elementos góticos y renacentistas; el busto a la escritora Concha Espina, que inmortalizó el lugar; el Cristo de Arriba y el Parque de las Paleras, junto al río Jerga. Cada día, peregrinos de todo el mundo atraviesan su Calle Real y dejan cintas en la Cruz del Peregrino antes de proseguir hacia Santiago.

La gastronomía es otro de sus grandes reclamos: el cocido maragato, servido al revés con hasta nueve carnes, garbanzos Pico de Pardal y sopa de fideos, se ha convertido en seña de identidad del pueblo, que también celebra recreaciones de la boda maragata y jornadas napoleónicas como parte de su calendario festivo.