El Gobierno de Cantabria ha comunicado a las herederas de la escritora Concha Espina su renuncia a adquirir a precio de mercado la casona de Mazcuerras donde la autora vivió y que permanecía en venta desde el fallecimiento de su nieta Paloma Sainz de la Maza el pasado 14 de junio. La propiedad, construida en 1890, consta de dos viviendas adosadas, una antigua cuadra y una parada de postas reformadas por la escritora, con 300 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y un jardín de más de 800 metros. Incluye mobiliario original, documentos y la biblioteca de Ramón de la Serna.
La casa salió al mercado por 895.000 euros a través de una agencia madrileña. Tras una larga negociación con la directora general de Cultura, Eva Guillermina Fernández, las hermanas Concha e Iciar Muguerza, únicas herederas tras la muerte del escultor Íñigo Muguerza en 2023, no lograron cerrar la venta al Ejecutivo. La tensa relación familiar entre las bisnietas impidió además el acceso para la tasación oficial. Paralelamente, la Dirección General de Cultura declaró la casa Bien de Interés Cultural (BIC) a petición del Ayuntamiento de Mazcuerras, lo que activa un derecho de tanteo ya vencido que el Gobierno descarta ejercer.
Ante la falta de acuerdo público, se firmó un contrato de arras con un particular que ahora, según fuentes cercanas a la familia, busca recuperar su depósito argumentando que la vivienda carecía de protección patrimonial al cierre del compromiso. Las herederas necesitan vender cuanto antes para evitar un embargo hipotecario. La decisión se produce en una comunidad con escaso patrimonio literario público: junto a la Casona de José María de Cossío y la casa y biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander, cerrada desde hace siete años, Polanco vive un proceso similar con la casa natal de José María de Pereda.
